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Complemento alimenticio · caja de 10 cápsulas

Cómo se lee la etiqueta de un complemento alimenticio

La cara delantera de una caja está hecha para que la mire; la trasera, para que la lea. Ahí están los datos que permiten comparar dos productos sin fiarse del adjetivo que lleve cada uno delante, y casi todos caben en cuatro líneas.

La lista de ingredientes va en orden

Los ingredientes no se enumeran al azar: van de mayor a menor cantidad. Esa sola regla ya dice mucho. Si el ingrediente que da nombre al producto aparece el cuarto, hay tres cosas de las que lleva más.

En una fórmula corta esto se ve de un vistazo. En una lista de veinte líneas, en cambio, el orden es lo primero que conviene mirar, antes que cualquier cifra suelta.

Qué cantidad es obligatoria y cuál no

La cantidad debe aparecer en cifras para los ingredientes que caracterizan al producto: son los que le dan nombre y los que el comprador espera encontrar. De ahí que en esta caja figure «200 mg» junto al extracto.

Los excipientes no llevan cantidad, y no es una omisión sospechosa: su papel es tecnológico, no nutricional. Lo que sí llevan es la función —agente de carga, antiaglomerante—, y ese dato explica por qué están ahí.

Porcentajes: cuándo los hay y cuándo no

Los porcentajes que se ven en muchas etiquetas se refieren a valores de referencia de nutrientes, y esos valores solo están fijados para vitaminas y minerales. Un producto que no lleve ninguno de los dos no tendrá columna de porcentajes, y eso no le falta nada.

Es un detalle que confunde a mucha gente: la ausencia de porcentajes se lee como información escamoteada cuando, en realidad, no hay nada contra lo que calcularlos.

Extracto o polvo: dos palabras que no son sinónimas

En la cara delantera aparece a menudo la palabra «extracto» y en la composición del reverso pone «polvo», o al revés. Manda la composición.

La diferencia no es cosmética. A igualdad de miligramos, un extracto está más concentrado que el hongo molido, así que dos productos con la misma cifra no son comparables si uno habla de polvo y el otro de extracto.

El ratio y lo que no cuenta

Un ratio como 4:1 indica cuánta materia prima correspondió, en peso, a una parte de extracto. Es un dato de fabricación y se queda ahí.

No dice qué disolvente se usó ni qué sustancias se concentraron. Para eso existe la estandarización, que nombra una sustancia marcadora y su porcentaje. Si no aparece en la caja, del ratio no se puede deducir.

La parte del hongo también es un dato

En los productos con hongos, la etiqueta debería decir qué parte se ha empleado: el cuerpo fructífero, que es lo que crece hacia fuera y se recolecta, o el micelio, la red de filamentos que crece dentro del sustrato.

Importa porque el micelio cultivado sobre cereal no se separa del todo de su sustrato al molerlo. Las dos vías son legítimas; simplemente no se está comparando lo mismo si una etiqueta lo dice y la otra calla.

Peso neto y número de unidades

El peso neto aparece casi siempre en letra pequeña y es uno de los datos más útiles: junto con el número de cápsulas permite saber cuánto pesa realmente cada una, excipientes incluidos.

Con el mismo nombre comercial pueden convivir envases de diez y de sesenta unidades con composiciones distintas. El peso neto y el código de barras los separan en dos segundos.

El precio que de verdad se compara

Comparar el precio por envase lleva a conclusiones falsas, porque los envases rara vez coinciden en tamaño. El número que sirve es el precio por dosis diaria: se obtiene de la dosis recomendada y del número de unidades, y ya se puede poner al lado de cualquier otra oferta.

Con un envase de diez cápsulas y una cápsula al día, la cuenta sale redonda y no hace falta calculadora.

Cuatro datos y una comprobación

Nombre latino, parte del hongo empleada, cantidad por dosis diaria y peso neto. Si falta uno, se están comparando dos productos que se diferencian en un punto desconocido.

La comprobación que cierra el asunto es el nombre de la especie: MycoBank, Species Fungorum y Catalogue of Life son gratuitos y tardan menos que leer el texto publicitario de la caja.

Fuentes

  1. MycoBank — registro de nombres de hongos
  2. Species Fungorum
  3. Catalogue of Life
  4. Sociedad Micológica de Madrid
  5. First Nature: <i>Ganoderma lucidum</i>
  6. MushroomExpert.com
  7. Royal Botanic Gardens, Kew — Science
  8. Encyclopaedia Britannica: Fungus
  9. PubMed — publicaciones sobre <i>Ganoderma lucidum</i>
  10. Frontiers in Microbiology
  11. Woodland Trust: hongos y líquenes
  12. FAO — Organización para la Alimentación y la Agricultura
  13. AESAN — Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición
  14. Registro de declaraciones de propiedades saludables de la UE

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